El amor de los padres es incondicional, no importa si sus hijos son groseros y un poco rebeldes, ellos darán lo mejor de si mismos para criarlos correctamente y corregirlos siempre que lo necesiten. Muchos estarán de acuerdo en pensar que básicamente de esto se trata ser padre, de mejorar cada día con la educación y los principios que se quieren transmitir y ensañar a los hijos, también de aprender en igual medida los que sus hijos les desean transmitir a ellos. Sin embargo, muchas veces presentan conductas o actitudes dentro de su vida cotidiana que inconscientemente pueden llegar a dar un mal ejemplo e incluso dañar la autoestima del niño.

Que un niño tenga una autoestima negativa obstaculiza su desarrollo puesto que genera sentimientos de incompetencia, de ser poco valioso y por ende, poco querido. Para evitar que esto suceda, los primeros años de vida son fundamentales para fortalecer su autoestima y que esté preparado para el mundo.

Por esta razón vamos a mostrar algunos errores frecuentes que los padres cometen involuntariamente y que disminuyen la valoración personal de su hijo:

  • Exigir al niño algo que no esté dentro de sus capacidades y mucho menos acorde a su edad, permitirá que el niño se sienta inservible, incapaz de realizar las cosas que sus padres exigen, es evidente que hay niños que demuestran tener una capacidad de aprender rápidamente a su corta edad, pero suelen existir los casos donde al niño se le dificulta y es allí donde sus padres deben actuar de una manera correcta sin menospreciar a su hijo. Es bueno valorar el interés y curiosidad del propio niño por aprender, pero no es recomendable “perseguirlo” para que siga aprendiendo en todo momento. Es necesario plantear exigencias y expectativas realistas y no sobre exigirlo.
  • La intolerancia a lo errores cometidos por el niño deben ser eliminados al momento de la reacción del padre, no puedes demostrar que no tienes paciencia, muestra relajación y que equivocarse es de humanos y natural, eso no significa fracasar. Además puedes darle un consejo de que los errores es una forma de aprendizaje de ellos se aprenderá a que hacer y no volver hacer.
  • Si el niño alcanza un gran logro, felicítalo hazle saber que lo que hizo estuvo bien, si es el caso donde pudo dar más de él, de buena manera díselo. Valorar las buenas acciones, desde pequeños detalles como “hiciste muy bien la cama” hasta sus grandes logros “Felicitaciones, te fue muy bien en la prueba, estamos orgullosos de ti”.
  • El aprendizaje es un proceso que requiere de tiempo y práctica, debes valor el esfuerzo de tu hijo. Los adultos debemos ser pacientes y esperar que los resultados se vayan dando gradualmente, valorando el empeño, las ganas de lograrlo y la dedicación que el niño pone, más allá de si el resultado obtenido es o no el óptimo.
  • Es bueno mostrar al niño que se comprende lo difícil que puede ser el desafío, en este caso, de estar más tranquilo en algunos momentos. Junto con ello hay que confiar en las capacidades del niño, mostrarle que sus padres saben que va a aprender a calmarse en las situaciones que lo ameritan. Disminuir la crítica, centrándose en la acción y no en el niño.
  • No compares tu hijo con un hermano, y mucho menos con el hijo de otra persona. Se debe comprender que cada niño tiene su propio de habilidades y competencias, por lo que compararlo con otros no ayudara en lo absoluto.
  • No etiquetes a los niños con acciones que realizan, Decirles que “son” cierta cosa (peleador, flojo, mentiroso, llorón) sólo los hace afianzarse en ese rol. Por ello es fundamental poner el acento en el cambio esperado y felicitar cualquier pequeño avance en esa dirección.
  • Hacer las cosas que deberían hacer ellos, solo alimentara su pereza, recuerda que los padres están para ayudarlos y acompañarlos en su desarrollo no remplazarlo o hacer por el alas cosas que no puede hacer. Pueden recomendarle soluciones pero deben dejar que el resuelva por su cuenta.

En definitiva, para que un niño pueda desarrollar una sana autoestima es fundamental que los padres acepten incondicionalmente a sus hijos, que tengan expectativas claras y aterrizadas de sus capacidades, que se desenvuelva en un ambiente de respeto y valoración.

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